Este fin de semana Berlin alcanza los 37 grados, una temperatura nada habitual en los veranos nórdicos, pero la mayoría de los berlineses no se treven a visitar las piscinas públicas. La ola de calor viene acompañada de una ola de trifulcas y abusos masivos en las piscinas al aire libre, donde la violencia y los se han convertido en usuales. El Columbiabad se ha visto incluso obligado a cerrar ante la imposibilidad de su personal de imponer el orden un día tras otro. Se trata de un problema de alcance nacional.
Baden-Württemberg, por ejemplo, reconoce que el número de actos de violencia además de las quinielas es este verano en su punto más alto de los últimos diez años, al tiempo que admite que el aumento de presencia policial y los controles no ejercen el esperado efecto “No podemos hacer nada, no está en nuestras manos: ven una chica en toples y es el caos”, argumentó justificar Moritz, estudiante de Farmacia que pensó pasar el verano trabajando como socorrista, pero dimitió la semana pasada porque se vio incapaz de aguantar hasta septiembre. Las autoridades no lo adoptan en estos términos, pero es evidente que, además de la fecunda irritabilidad del calor, entre las causas del fenómeno figuraba el choque cultural entre los recién llegados de Oriente Medio y la sociedad liberal de la capital alemana. “Mujeres, homosexuales y judíos son presa fácil”, ha titulado el diario Bild.
«Habíamos ido a comprar un helado y no sabemos cómo empezó todo», relató Renate, testigo de una de las broncas del fin de semana pasada, «el caso es que huimos de allí, no nos acercamos ni a recoger las toallas y el bolso , porque era una turba de hombres golpeándose”. El suceso tuvo lugar en la piscina de Wolfshagenerstrasse, en el distrito de Pankow. Un grupo de unos veinte jóvenes arrancaron una pele a puñetazos en la que terminaron involucrados casi un centenar de personas. Cuando llegó la policía salieron todos corriendo y sólo fueron detenidos dos menores de 14 y 16 años que declararon que el motivo de la disputa era el territorio de colocación de las toallas. Un empleado de la piscina de 24 años de edad fue hospitalizado.
“A menudo los problemas tienen su origen en imágenes de masculinidad”, dice el presidente de la Asociación Federal de Natación (BDS), Peter Harzheim, “el hecho de que diferentes culturas están representados ahora entre en público de las piscinas, incluidos muchos hombres jóvenes con antecedentes migratorios, juegan un papel”. Habla de “machos” inmigrantes y advierte que «la chispa puede saltar en cualquier momento sin que el personal de las piscinas tenga capacidad de reacción». “No puedes arriesgarte, la piscina no es ahora un lugar seguro para mujeres”, lamentó Anke, que hace nudismo junto a muchos otros jóvenes en el Tiergarten, el parque pulmón del centro de la capital alemana.
La gente se refresca en una piscina que flota en el río Spree en un caluroso día de verano en Berlín.
Para atajar el problema, el Senado de Berlin está reforzando las vallas de seguridad de las piscinas y ha establecido que la identificación se requiere para acceder a los baños. Se están instalando cámaras de videovigilancia en las entradas y, hasta nuevo aviso, se han instalado dos comisarías de policía móviles en dos cinas de los distritos de Neukölln y Kreuzberg. Así lo han anunciado la sadora regional de Interior, la socialdemócrata Iris Sprange, y el alcalde conservador Kai Wegner (CDU). A partir de la próxima semana, los visitantes deberán reservar entradas personalizadas con la antelación o identificarse en los accesos mediante documento de identidad o tarjeta de estudiante en el caso de los menores. «Nos aseguraremos de que todos los que vengan a una piscina al aire libre estén registrados con anticipación», ha enfatizado Wegner, con el objetivo de mantener alejados de las piscinas a los infractores que se han vuelto notorios, «las reglas del estado de derecho también se aplican en las piscinas y deben hacerse cumplir cuando sea necesario: donde sea que se necesite más personal, conseguiremos más personal”.
«No podemos poner a cientos de agentes en las piscinas porque dejaríamos sin protección y otros muchos puntos de vigilancia de la ciudad en los que son necesarios»
Benjamín Jendro
Portavoz del sindicato de policias
Ante la sugerencia del alcalde de multiplicar la presencia policial, el sindicato de policías (GdP) rechaza esa medida. “Definitivamente no podemos poner a cientos de agentes en las piscinas”, dice su portavoz, Benjamin Jendro, “porque dejaríamos sin protección y vigilancia otros muchos puntos de la ciudad en los que son necesarios”.
Las situaciones más graves se dan en los distritos con mayor índice de refugiados. «Partes del distrito de Neukölln se consideran un área socialmente deprimida y muchas personas con raíces extranjeras viven allí», reconoce la oficina de información del Senado, que justifica que «la piscina está cerrada debido al elevado número de bajas por enfermedad de los empleados”. Pero el hecho es que los empleados han narrado a la prensa local que buscan la baja porque son víctimas de amenazas e incluso golpes colgantes en su horario laboral, cuando intentan evitar incidentes o llaman la atención de algunos bañistas por comportamientos impropios. Un informe de Sportwelt gGmbH, que opera ocho piscinas en Renania del Norte-Westfalia, confirma que “estamos capacitando a nuestro personal con un taller de resolución de conflictos violentos”.