Doce años después del comienzo de la guerra civil en Siria, y del establecimiento de un ‘cordón sanitario’ contra los Assad por parte de la monarquía saudí, Riad se rinde al pragmatismo y se adhiere a una relación completamente nueva con el régimen de Damasco. En marzo fueron relaciones consulares. Y hoy es el acuerdo –suscrito en la capital saudí– a reanudar plenas relaciones comerciales, según han anunciado las agencias de noticias de ambos países árabes.
El pacto se ha cerrado tras una reunión entre el presidente de la Federación de Cámaras de Arabia Saudí, Hasan bin Muyib al Huaiziy el presidente de la Federación de Cámaras de Comercio de Siria, Mohamad Abu al-Huda al-Laham, en los márgenes de una conferencia de negocios en Riad. Sin embargo, en términos comerciales, no hay grandes volúmenes de intercambio o inversión, para la dictadura laica siria el acuerdo es la puerta abierta a la normalización de relaciones con el resto de naciones árabes que siguieron las instrucciones de Arabia Saudita. Y la observación general de que Bashar al Assad ha ganado la guerra, aunque aún queden bolsones de resistencia en el país.
Para el régimen saudí, el pacto con Siria confirmó la línea de pragmatismo que quiere imprimir el ‘hombre fuerte’, el príncipe heredero Mohammad bin Salmánen su estrategia para convertir a su país en un actor clave en la región, rompiendo la vieja dependencia de Estados Unidos.
En este escenario, la normalización de las relaciones con el régimen laico, y por un mayor control por parte de una familia de la secta chií, tiene para Bin Salman un premio especial: congraciar se con Irán, aliado principal de Damasco junto con Rusia. El joven y controvertido príncipe saudi llegó hace pocos meses a un acuerdo con el régimen teocrático iraní para establecer un alto el fuego en la guerra de Yemen, otro de los frutos amargos de la mal llamada ‘Primavera árabe’en la que saudíes e iraníes se enfrentaron por poderes en el campo de batalla.
Aquel acuerdo sobre Yemen subrayó el papel mediador de China –presente por primera vez en un conflicto en Oriente Próximo–, lo que permitió a Bin Salman establecer lazos con Pekín. Con la operación en curso en Siria, el príncipe saudí intercambia ahora mapas con los rusos ante las mismísimas barbas de la Administración Biden, que hace esfuerzos por mirar hacia otro lado.