La doble pesadilla en Jerson

La doble pesadilla en Jerson

El cielo ruge es Jerson. Un cielo gris en el que se mezcla la artillería con el río que se adentra más en los barrios inundados de la ciudad, más cerca del río Dniéper y sus afluentes. Un punto de cumplirse la primera semana desde la rotura de la vecina presa de Kajovka, unos 55 kilómetros de distancia río arriba, esta es la zona cero de la inundación en la zona bajo control ucraniano. Si la guerra no es poca desgracia, Jersón suma el desastre causado por el agua que ha convertido calles enteras en un mar de color marrón.

En mitad de las malas noticias, este frente sur recibió un anuncio de esperanza. 24 horas después de eso Volodimir Zelensky anunciara de manera oficial el inicio de la contraofensiva de primavera, sus tropas liberaron la primera localidad. La bandera azul y amarilla vuelve a ondear en la pequeña Blahodatneen el límite entre Zaporiyia y Donetsk, primer pueblo reconquistado de manos rusas. “Estamos echando al enemigo de nuestra tierra, es el sentimiento más cálido que se puede tener. Ucrania vencerá”, sus palabras de boca de un soldado en un vídeo del momento de la conquista difundido en Facebook.

«El agua está bajando, pero ha comenzado a llover mucho y esto dificulta nuestro trabajo», confiesa Oleksandr Yashkin, uno de los responsables de unos Equipos de rescate que volvio ha estar en el punto de mira del enemigo. Una de las embarcaciones fue atacada y seis personas resultaron heridas.

El nivel de agua se sitúa ahora en cuatro metros de altura media y todos se preparan para el día en el que baje a niveles normales, “sólo entonces comprobaremos la amenaza a nivel de salubridad, de momento cada día recogemos pruebas y analizamos los niveles de contaminación”. El acceso de la prensa a las zonas más afectadas se cerró después de las primeras 48 horas “por motivos de seguridad”, informó Yashkin.

Los soldados blindan los accesos a las zonas anegadas. La antigua línea de defensa ha desaparecido con la crecida, lo mismo que ocurre en la otra orilla del Dnieper, bajo control enemigo. Se percibe la tensión entre los uniformados ante el nuevo mapa que ya la inundación. En palabras de la ministra de Defensa, Hanna Maliar, los rusos volaron la presa «con el único objetivo de prevenir nuestra ofensiva». Non lo han conseguido, pero lo que sí ha conseguido el agua es cambiar la orografía del frente.

sin salida

Antes de la ocupación, Jerson tenia 280.000 habitantes, «Ahora nos quedamos quienes no tenemos a dónde ir, los mayores que cobramos pensiones de 3.500 grivnas (88 euros al cambio) con las que no nos llega ni para pagar las medicinas», confiesa Lidia Niamenko, quien ha reconvertido su casa en centro de acogida para los vecinos que han perdido las casas bajo el agua. Come latas y beben agua embotellada gracias a la ayuda que les entregan grupos de voluntarios. “¿Qué será de nosotros? Necesitamos camiones y camiones para retirar los muebles y todo lo que ha dañado el agua y la gente con fuerza para hacer el trabajo, somos viejos. ¿Qué será de nosotros? », se pregunta una y otra vez en su pequeña cocina esta mujer de 75 años, antigua profesora de primaria.

Un residente de Jersón mira por la ventana de un edificio de apartamentos en un área inundada

Reuters

“La gente resiste a dejar su casa, su barrio y esto es un problema porque muchos de estos lugares ya no reúnen condiciones mínimas por el agua, la dampad y la falta de servicios, pero no hay manera, se aferran a lo poco que the queda», apunta Ludmila Petrova, voluntaria del grupo teplotehnica que acude hasta casa de Ludmila con bolsas de ropa usada y bidones de agua.

La guerra no es para

Allá liberación de jerson in November es el mayor logrado hasta el momento por el Ejército de Ucrania, pero la alegría para los civiles apenas aparecieron unos días. Las fuerzas rusas se retiraron al otro lado del río, no combatieron por la defensa del centro de la ciudad, pero desde entonces atacan cada día. The artillery era la gran pesadilla de los ciudadanos hasta que hace una semana reventó la presa ya las pocas horas vieron cómo el río devoró distritos enteros. Ahora sus ojos miran al río, pero sus oídos siguen pendientes del cielo.

“Atacan cada día y no les han importado las inundaciones. El mismo jueves alcanzó un edificio alto en este barrio y hubo varios muertos y heridos”, recuerda Igor Martenov, militar a quien la inundación ha sorprendido de permiso. Abrazado ha conocido a su esposa, Natalia, miran desde la distancia un tejado de uralita gris, la única parte visible de su casa en el Distrito de Shuminskyuna orilla del Vetiovchinopequeño afluente del Dnieper convertido en una colosal corriente de agua.

Las lanchas de los teams de rescate vuelan en zigzag para evitar las copas de los árboles en la mitad del estruendo de las explosiones, que en esta parte de la ciudad retumban de manera especial. Con la de la contraofensivala guerra acelera su ritmo de forma paralela a este castigo colectivo en forma de anegamiento que castiga a toda la cuenca del Dniéper y ríos vecinos.

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