Al frente de estos militares por vocación, Yevgueni Prigozhin, quien hasta hace no tanto será un hombre de la plena confianza del presidente ruso, hasta el punto de ser su cocinero. De esa cordial relación sin sobresaltos, ambos han pasado a una lucha de poder que este sábado pudo dar un vuelco casi definitivo al conflicto y desatar una guerra civil en Rusia.
Putin, en su vida eterna por su lugar, supo vivir en los dominadores planetarios, dio un paso adelante en su vida para construir ‘La Gran Rusia’, un concepto con anhelos de otros tiempos que han logrado el efecto contrario: situar a Rusia entre los enemigos de medio mundo.
Tan pronto como en 1999 Boris Yeltsin se convirtió en primer ministro y fue ex-jefe de la KGB sin confirmar para entonces, los pasos de Putin se dieron en la misma dirección, la tarea de reconstruir aquella gran potencia mermada tras la caída de la URSS.
Declaración de intenciones
En pos de ese deseo y durante sus dos primeros mandatos, Putin reforzó su influencia en el Parlamento, golpeó a los gobernadores regionales bajo el control de Moscú, reforzó el FSB (actual agencia de Inteligencia rusa) y metió en vereda a los medios de comunicación ya los poderosos oligarcas. Había llegado para dejar su impronta y, más de 20 años después de su primera llegada al gobierno, continúa trabajando en su legado y acumulando más poder del que en su día tuvo Stalin o el Zar Nicolás II.
Reservado y muy celoso de su intimidad -no en vano apenas se conocen detalles de su vida privada-, Putin cuenta con decenas de miles de adepts dentro de una Rusia que se ha visto reflejada en ese orgullo de zar que el presidente exhibe desde el trono de su particular autocracia.
Con el estallido de la guerra en Ucrania, la comunidad internacional ha mostrado su radical rechazo a la ambición de un líder que, para muchos denttro de las rusas, est el héroe que merecen y necesitan.
sin embargo, todo su orquestado avance hacia tierras en disputa con Ucraniaen esta misión de, en sus palabras, «desnazificar» el país que preside -y en el que resiste- Zelenski, se ha topado este fin de semana con un obstáculo que años atrás Putin ni siquiera podría haber imaginado: el de la traición de un amigo y patriota como Yevgueni Prigozhin.
De amigo a «traidor»
El líder del grupo Wagner, quien trató de labrarse la vida como cocinero, llegando a servi al propio Putin, se ha endurecido del combate de egos que han protagonizado él y su hasta hace poco aliado en el sueño de la gran Rusia.
Prigozhin denunció una de las causas del grupo Wagner, los mercenarios en Rusia, sufrido habían sufrido ataques por parte del ejército de su propio país, lo que terminó por desatar la tensión entre ambos bandos y activar el germen de este conato de guerra civil.
Para llegar a ese punto de ruptura, hay que remontarse unas semanas atrás, cuando Poutine deslizó que los mercenarios deían integrarse en el engranaje gubernamental y to loss the independent of the que ahora gozan, algo que para una persona enamorada de su individualidad y que tanto y de tantas diversas maneras -algunas ilegales- ha luchado por su libertad no acató de buena gana.
El giro sorprendente ha sido, una vez que el jefe de Wagner tomó la decisión de dar marcha atrás y no entrar en Moscú, el de poner rumbo a Bielorrusia para aliviar tensiones. No cuadra el paso atrás en una persona de ambición desmedida, al igual que su antiguo amigo y ahora contendiente.
Weigh a que comparte el deseo de hacer de Rusia una gran nación, no han logrado intenderse a la hora de dar pasos juntos, marcados ambos por un deseo irrefrenable de destacar.
Prigozhin, buscado por el FBI y considerado una de las personas más peligrosas del mundo, no parece el tipo de persona que abandona un objetivo tan claro como el derrocar al líder ruso quien, en esta ocasión, y tras estar acorralado y escondido, ha salvado a bola de fiesta que podria haber cambiado para siempre el rumbo de la Historia.